Salgo casi corriendo de la habitación del
hospital. No es que no me guste estar con Marcos, no, no es eso. Pero nunca me
han gustado mucho esos lugares, llenos de gente enferma, pero sobretodo, llenos
de sufrimiento y malestar, eso es lo que más me duele, pues sé lo que se siente
y no es fácil llevarlo. Recorro rápidamente el pasillo en el que se encuentra
mi habitación y llego a una puerta que da a unas escaleras. La abro y comienzo
a bajar sin pensar realmente en nada. He bajado dos pisos cuando me choco con
alguien.
-¡Lo siento! No te había visto-dice alguien
con la voz entrecortada-.
Me levanto del suelo frotándome la rodilla
derecha, donde me imagino que habrá un gran moratón. Al levantar la vista veo a
una chica rubia que se seca las lágrimas que surcan sus mejillas. ¿De qué me
suena esa chica? ¡Claro! ¡Julia!
-¡Julia! ¿Qué te pasa?
En ese momento me olvido de todo lo que se
suponía que tenía contra ella. Solo veo a una chica que lo está pasando mal,
que está llorando en las escaleras de un hospital, a alguien frágil que puede
romperse en mil pedazos en cuestión de segundos. Al principio no me reconoce, y
noto que se extraña de que sepa su nombre.
-Paula, lo siento no me había dado cuenta de
que eras tú.
-Ya, bueno no pasa nada. ¿Qué te pasa a
ti?-Le pregunto por segunda vez.
Me mira a los ojos. Quizá decidiendo si
contármelo o no, si confiar en alguien a quien apenas conoce. Entonces vuelve a
echarse a llorar. La abrazo, ya que no sé qué otra cosa hacer, nunca se me ha
dado muy bien eso de consolar. Le acaricio el pelo hasta que por fin se calma,
y nos sentamos en los peldaños de las escaleras.
-Lo siento, Paula.
-¿Qué? No tienes que disculparte por nada.
-Sé que no te caigo muy bien, cuando Lucía nos
presentó lo noté, pero yo quiero llevarme bien contigo, en serio. Y necesito
hablar con alguien. Estoy lejos de casa y no puedo de verdad, no puedo más…
-Habla conmigo-las palabras salen de mi boca
solas, como si ni siquiera las hubiera pensado-.
-No, no quiero aburrirte con mis problemas.
-Venga, cuéntamelo,
te ayudará a sentirte mejor, ya verás.
Al final accede a contarme lo que le pasa y
no puedo ocultar mi asombro ante la historia que me cuenta. Al parecer tiene un
hermano pequeño, de unos cuatro años, que tiene una rara enfermedad de la que
no consigo quedarme con el nombre. Este es el único hospital en el que pueden
darle tratamiento, pero las pruebas que le han hecho no tienen muy buenos
resultados. Julia dejó todo en Madrid, a sus amigos, sus sueños y a su novio,
pero no parece importarle con tal de que su hermano se recupere. Me quedó tan
asombrada al final que no me doy cuenta de que ha acabado.
-¿Paula? ¿Estás bien?-Me pregunta pasando una
mano por delante de mi cara.
-Sí, sí. Es solo que…
No sé, nunca me lo habría imaginado. Lo siento, pero pareces el tipo de chica
que tiene la vida resuelta, muy segura de sí misma y por la que todos
babean-bajo la mirada ante la vergüenza que me da decirle eso, viendo lo
equivocada que estaba-.
-No, para nada-me dice sonriendo-. ¿Yo segura?
No… Y solo he tenido un novio, al que quiero con locura, pero tengo miedo de
que acabe olvidándose de mí.
-No te olvidará, ya verás. Y lo de tu hermano…
Si necesitas cualquier cosa, puedes contar conmigo, ¿vale?
-Gracias, Paula, eres genial.
Seguimos hablando hasta que recibo un mensaje
de Marcos: ‘Ven a la habitación. Ya.’ Me asusta un poco que sea tan directo y no de muchas explicaciones,
¿habrá pasado algo? Me despido de Julia y recorro el camino de antes pensando
que habrá podido pasar para que me pida que vuelva. Al llegar no doy crédito a
lo que veo, ¿qué hacen ellos allí?
-¿Qué hacéis aquí?-Pregunto sin ni si quiera
saludarles, a mi modo de verlo, no se lo merecen.
Lucía tiene los ojos rojos, como si hubiera
estado llorando largo rato, pero eso no consigue disminuir todo lo malo que
pienso sobre ella. Lucas, sin embargo, está quieto a su lado, con sus manos
metidas en los bolsillos y mira a Marcos con desprecio, lo que, extrañamente,
me molesta.
-Paula, tu madre nos
dijo lo que había pasado, hemos venido a verte-dice Lucía con mirada
suplicante-.
-Aunque parece que ya
le tienes a él para hacerte compañía-me dice Lucas señalando a Marcos-.
-Pues claro que me
tiene a mí, al menos la he tratado bien y me he preocupado por ella, no como
habéis hecho vosotros-le dice Marcos elevando el tono-.
-Cada uno tiene lo
que se merece-dice Lucas mirándome con asco, ¿dónde estaba el chico del que me
enamoré?
-Eres un imbécil-le
grita Marcos, que va hacía él-.
Veo sus intenciones y corro hacia él antes de
que pueda pegar a Lucas. Le cojo de la mano y le hago salir de la habitación.
No miro atrás y traspaso las puertas del hospital. Me acuerdo de que mi madre
iba a venir, así que le mando un mensaje diciendo que voy a casa. Cuando por
fin hemos salido, me siento en uno de los bancos que hay a la salida y le hago
sentarse a mi lado.
-Paula, lo siento. No le iba a pegar te lo
juro, solo que cuando ha dicho eso… No he podido contenerme.
-¿Por qué Marcos? ¿Por qué has venido? ¿Por
qué te has puesto así cuando Lucas ha dicho eso? Es que no lo entiendo…-Digo
mirando al infinito.
-Desde el momento en que te vi, no sé, siento
que tengo que estar contigo, que lo necesito, que no puedo dejar que nadie te
haga daño, porque me duele. No sé que tiene Paulita, pero me he enamorado de
ello. A lo mejor piensas que soy idiota, que no tengo ni idea de lo que es el
amor y no puedo enamorarme de alguien a quien casi ni conozco, pero es así. Ya
está, no hay más.
Le miro a los ojos para saber si está diciendo
la verdad. Y no sé porque, si por que haya tenido el valor de decírmelo, si por
lo que pretendía hacerle a Lucas, si por todo lo que ha dicho desde que le he
conocido, le beso. Poco a poco nuestros labios se juntan y se convierte en el
momento más irreal que he vivido nunca, pero también, el más auténtico.
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