Poco a poco nos separamos, pero nuestras
frentes se quedan juntas, pegadas, haciendo que tenga que mirarle a los ojos,
pero, por alguna extraña razón, esa vez no me incomoda como de costumbre. No sé
qué decir, o qué hacer, solo quiero congelar ese momento y guardarlo en mi
cabeza, o simplemente, dejar que no pase nunca. Noto su aliento fresco cerca de
mi boca, y siento la tentación de volverle a besar, pero no sé si eso estaría
demasiado bien. Veo que sonríe, lo que hace que yo lo haga también, como inconscientemente.
Entonces, cada recuerdo de aquella tarde, de
aquel horrible o perfecto día, según se mire, desaparece, vuela de mi mente y
en ese momento solo existe él a mi lado. Mil preguntas llegan a mi cabeza. ¿Qué
haces Paula? ¿Por qué besas a un chico al que apenas conoces? ¿Desde cuándo vas
besando así por así? Es más, ¿desde cuándo besas a chicos? Pero prefiero no
buscar respuestas, simplemente vivir ese extraño momento, ese sueño del que no
quiero despertar.
-Paula… ¿estás bien?-Dice Marcos sin apartarse
de mí, casi en un susurro imperceptible.
No le respondo, simplemente me quedo
mirándole a los ojos, y empiezo a sonreír como una tonta. ¿Qué hago ahí? Vivir,
claro que sí, sin pensar en nada más que en ese instante y cuando por fin me
doy cuenta, hago lo que he querido hacer desde que él ha separado sus labios de
los míos, vuelvo a juntarlos. Noto que sonríe, pero que enseguida corresponde a
mi beso.
-Sí, estoy bien, muy bien-le digo cuando me
separo de él al fin.
-Gracias.
-¿Gracias? ¿Por qué?-Que
me dé las gracias me da risa, ¿por qué lo hace?
-Por haber ido a ese
parque, por haberte sentado en ese banco, por ser tan preciosa. Gracias por
cruzarte en mi camino, Paulita.
Me quedo sin palabras. ¿Cómo puede decir cosas
tan bonitas, así, sin más? Le cojo de la mano y corro sin saber muy bien a
donde, solo me dejo llevar…
En la salida del hospital, narra Lucía.
Vemos como Paula y ese chico salen corriendo,
y sin saber cómo, las lágrimas empiezan a salir disparadas de mis ojos. Yo no
quería que pasara todo eso. No. No era mi intención. Lucas me había dicho que
de verdad ya no había nada entre ellos, y yo como una idiota me lo creí. Solo
quería que alguien me apreciara, y vale, quería que ese alguien fuese Lucas. Es
difícil admitirlo, admitir que llevas tanto tiempo enamorada de él, de alguien
inaccesible. Desde que lo vi por primera vez y Paula me habló tan bien de él,
lo supe, le quería. Pero estaba ella, y tenía claro que no expondría mi amistad
por un chico. Pero ahora me sentía como una verdadera tonta, solo me había
utilizado, no había significado nada, absolutamente nada, para él.
-Bueno, vámonos-me dice Lucas con una voz
fría, como distante-.
-¿Qué te pasa?
-¿A mí? Nada. Eres tú la que te has puesto
tan sentimental con esa…
-¡No la insultes!-Le corto antes de que pueda
decir nada.
-¿Y por qué no debería hacerlo? Es verdad, me
dice que no quiere nada conmigo y a los dos minutos se está besando con ese
imbécil. Venga, vámonos.
-No, yo quiero ir a buscarla. Nunca imaginé
que fueras así.
-Haz lo que quieras, pero recuerda que
fuiste tú la que viniste corriendo cuando te llamé-dice antes de irse, sin
siquiera mirar atrás-.
Esas palabras retumban en mi cabeza, hacen
eco y empieza a dolerme mucho. Sí, es verdad, fui yo la que acudí a su llamada.
Podía haberle dicho que no, simplemente pensar que había algo raro. Pero no, no
lo hice, y ahora mismo me odio por ello. Sé lo que vendrá ahora, los insultos
de la gente, palabras no demasiado agradables que tendré que soportar, pero en
ese momento eso no me importa, lo único que quiero es encontrar la manera de
hablar con Paula, de explicarle todo, todo lo que llevo sintiendo desde hace
tres años y que nunca he sido capaz de confesar, algo que sé que no será nada
fácil.
Holas, me gusta mucho tu historia, ¿cuándo sigues? Te afilo :)
ResponderEliminarSi puedo seguiré mañana, me alegro de que te guste :3 ¿Tienes Twitter? Puedes seguirme si quieres: @Luupeto :)
Eliminar