No puedo creer lo que estoy viendo. No, no puede
ser cierto. ¡Imposible! Mis ojos tenían que estar mandando una información errónea
a mi cerebro. Lucho por encontrar una respuesta a aquello, un motivo o algo que
no me hiciera tanto daño, todo tiene que tener una explicación, pero en ese
momento no puedo pensar con demasiada claridad.
Estoy quieta en el umbral de la puerta y
Lucas y Lucía me miran sorprendidos desde la cama, donde están abrazados. No
entiendo nada y mi cabeza está llena de pensamientos que se cruzan los unos con
los otros intentando dar con una explicación que no parece llegar.
-Paula… Yo…Lo…-Dice Lucía desenganchándose
de Lucas y viniendo a mi encuentro cuando por fin reacciona.
Pero no consigo oír lo que sigue diciendo,
ya que salgo de allí lo más rápido que me permiten mis piernas. No pienso en
nada que no sea huir. Siento que me asfixio, el aire no llega a mis pulmones
con regularidad y estoy demasiado nerviosa como para intentar respirar bien. No
sé como llego a la calle, pero el aire que me da en la cara no es suficiente
como para ayudarme en algo. Mi respiración sigue agitada y cada vez me cuesta
más. Siento que en breves me desmallaré y no tengo ganas de seguir luchando, de
intentar salir de esa niebla que se apodera de mí y no me deja ver nada. Noto
que me abalanzo sobre alguien, aunque no alcanzo a ver de quien se trata, solo
noto sus manos en brazos para impedir que me caiga.
Poco a poco siento que la presión que tan fuerte
me oprimía el pecho se va yendo… Y voy abriendo los ojos, con miedo, pues
siento que estoy tumbada sobre algo cómodo y bastante suave, ¿dónde estoy? Al
final consigo ver a mi alrededor, estoy en un hospital, pero, ¿cómo he llegado
hasta allí? Una puerta que hay enfrente de la cama se abre y sale un chico alto
y rubio…
-¡Vaya! Parece que ya te has despertado
dormilona-me dice Marcos saliendo de donde me imagino que es el baño y
sentándose en un sillón al lado de mi cama-. ¿Cómo te encuentras, preciosa?
-Pero, ¿qué ha pasado? ¿Por qué estoy aquí?
¿Y qué haces tú aquí? ¡¿Qué pasa Marcos!?
-Eh, tranquila… Por lo que me han contado
tuviste un ataque de ansiedad bastante fuerte en la calle y alguien llamó a una
ambulancia, cogieron tu móvil para llamar a alguien y como mi número era el
último registrado, me llamaron a mí. Pero tranquila, que cuando me lo dieron
llamé a tu madre, ya viene-dice tocándome el pelo de una forma que me encanta,
mientras sus preciosos ojos azules me hipnotizan-.
-Está bien…-Le digo mirándola embobada.
Poco a poco llegan a mi mente todos los
recuerdos de casa de Lucas. Como vi a Lucía y Lucas abrazados sobre su cama,
riéndose hasta que repararon en mi presencia. No sé si tengo verdadero derecho
a enfadarme, pues fui yo quien le dije que no quería nada más, pero fue él
quien dijo que me quería, ¡me quería! Y en apenas tres horas ya estaba con
otra, y para colmo, mi mejor amiga. Deseaba que ese día acabara, que terminara
de una vez. Por enésima vez por hoy, lágrimas empezaron a brotarme de los ojos,
sin control alguno.
-¿Qué pasa? No llores…-Dice Marcos una y otra
vez sin entender qué es lo que realmente me pasa.
Decido contárselo, ya que ha ido al hospital
aunque no tenía obligación, ha ido allí solo para estar conmigo, ha respondido
a mi llamada, aunque no la hubiera hecho yo. Me sorprendo de su reacción,
empieza a insultar a Lucas como si la vida le fuera en ello, y por una parte me
reconforta. También es raro ver que se enfade tanto, en fin, apenas me conoce,
¿será verdad que siente algo por mí? ¿Algo tan fuerte como para ir a verme al hospital,
preocuparse por mí y enfadarse con quien me ha hecho sufrir? Pero la verdadera
pregunta es, ¿qué siento yo por ese chico?
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