lunes, 21 de enero de 2013

11.


   Salgo casi corriendo de la habitación del hospital. No es que no me guste estar con Marcos, no, no es eso. Pero nunca me han gustado mucho esos lugares, llenos de gente enferma, pero sobretodo, llenos de sufrimiento y malestar, eso es lo que más me duele, pues sé lo que se siente y no es fácil llevarlo. Recorro rápidamente el pasillo en el que se encuentra mi habitación y llego a una puerta que da a unas escaleras. La abro y comienzo a bajar sin pensar realmente en nada. He bajado dos pisos cuando me choco con alguien.

  -¡Lo siento! No te había visto-dice alguien con la voz entrecortada-.

  Me levanto del suelo frotándome la rodilla derecha, donde me imagino que habrá un gran moratón. Al levantar la vista veo a una chica rubia que se seca las lágrimas que surcan sus mejillas. ¿De qué me suena esa chica? ¡Claro! ¡Julia!

  -¡Julia! ¿Qué te pasa?

  En ese momento me olvido de todo lo que se suponía que tenía contra ella. Solo veo a una chica que lo está pasando mal, que está llorando en las escaleras de un hospital, a alguien frágil que puede romperse en mil pedazos en cuestión de segundos. Al principio no me reconoce, y noto que se extraña de que sepa su nombre.

  -Paula, lo siento no me había dado cuenta de que eras tú.

  -Ya, bueno no pasa nada. ¿Qué te pasa a ti?-Le pregunto por segunda vez.

 Me mira a los ojos. Quizá decidiendo si contármelo o no, si confiar en alguien a quien apenas conoce. Entonces vuelve a echarse a llorar. La abrazo, ya que no sé qué otra cosa hacer, nunca se me ha dado muy bien eso de consolar. Le acaricio el pelo hasta que por fin se calma, y nos sentamos en los peldaños de las escaleras.

  -Lo siento, Paula.

  -¿Qué? No tienes que disculparte por nada.

 -Sé que no te caigo muy bien, cuando Lucía nos presentó lo noté, pero yo quiero llevarme bien contigo, en serio. Y necesito hablar con alguien. Estoy lejos de casa y no puedo de verdad, no puedo más…

 -Habla conmigo-las palabras salen de mi boca solas, como si ni siquiera las hubiera pensado-.

 -No, no quiero aburrirte con mis problemas.

-Venga, cuéntamelo, te ayudará a sentirte mejor, ya verás.

   Al final accede a contarme lo que le pasa y no puedo ocultar mi asombro ante la historia que me cuenta. Al parecer tiene un hermano pequeño, de unos cuatro años, que tiene una rara enfermedad de la que no consigo quedarme con el nombre. Este es el único hospital en el que pueden darle tratamiento, pero las pruebas que le han hecho no tienen muy buenos resultados. Julia dejó todo en Madrid, a sus amigos, sus sueños y a su novio, pero no parece importarle con tal de que su hermano se recupere. Me quedó tan asombrada al final que no me doy cuenta de que ha acabado.

 -¿Paula? ¿Estás bien?-Me pregunta pasando una mano por delante de mi cara.

-Sí, sí. Es solo que… No sé, nunca me lo habría imaginado. Lo siento, pero pareces el tipo de chica que tiene la vida resuelta, muy segura de sí misma y por la que todos babean-bajo la mirada ante la vergüenza que me da decirle eso, viendo lo equivocada que estaba-.

 -No, para nada-me dice sonriendo-. ¿Yo segura? No… Y solo he tenido un novio, al que quiero con locura, pero tengo miedo de que acabe olvidándose de mí.

 -No te olvidará, ya verás. Y lo de tu hermano… Si necesitas cualquier cosa, puedes contar conmigo, ¿vale?

 -Gracias, Paula, eres genial.

 Seguimos hablando hasta que recibo un mensaje de Marcos: ‘Ven a la habitación. Ya.’ Me asusta un poco que  sea tan directo y no de muchas explicaciones, ¿habrá pasado algo? Me despido de Julia y recorro el camino de antes pensando que habrá podido pasar para que me pida que vuelva. Al llegar no doy crédito a lo que veo, ¿qué hacen ellos allí?

 -¿Qué hacéis aquí?-Pregunto sin ni si quiera saludarles, a mi modo de verlo, no se lo merecen.

 Lucía tiene los ojos rojos, como si hubiera estado llorando largo rato, pero eso no consigue disminuir todo lo malo que pienso sobre ella. Lucas, sin embargo, está quieto a su lado, con sus manos metidas en los bolsillos y mira a Marcos con desprecio, lo que, extrañamente, me molesta.

-Paula, tu madre nos dijo lo que había pasado, hemos venido a verte-dice Lucía con mirada suplicante-.

-Aunque parece que ya le tienes a él para hacerte compañía-me dice Lucas señalando a Marcos-.

-Pues claro que me tiene a mí, al menos la he tratado bien y me he preocupado por ella, no como habéis hecho vosotros-le dice Marcos elevando el tono-.

-Cada uno tiene lo que se merece-dice Lucas mirándome con asco, ¿dónde estaba el chico del que me enamoré?

-Eres un imbécil-le grita Marcos, que va hacía él-.

 Veo sus intenciones y corro hacia él antes de que pueda pegar a Lucas. Le cojo de la mano y le hago salir de la habitación. No miro atrás y traspaso las puertas del hospital. Me acuerdo de que mi madre iba a venir, así que le mando un mensaje diciendo que voy a casa. Cuando por fin hemos salido, me siento en uno de los bancos que hay a la salida y le hago sentarse a mi lado.

  -Paula, lo siento. No le iba a pegar te lo juro, solo que cuando ha dicho eso… No he podido contenerme.

  -¿Por qué Marcos? ¿Por qué has venido? ¿Por qué te has puesto así cuando Lucas ha dicho eso? Es que no lo entiendo…-Digo mirando al infinito.

  -Desde el momento en que te vi, no sé, siento que tengo que estar contigo, que lo necesito, que no puedo dejar que nadie te haga daño, porque me duele. No sé que tiene Paulita, pero me he enamorado de ello. A lo mejor piensas que soy idiota, que no tengo ni idea de lo que es el amor y no puedo enamorarme de alguien a quien casi ni conozco, pero es así. Ya está, no hay más.

 Le miro a los ojos para saber si está diciendo la verdad. Y no sé porque, si por que haya tenido el valor de decírmelo, si por lo que pretendía hacerle a Lucas, si por todo lo que ha dicho desde que le he conocido, le beso. Poco a poco nuestros labios se juntan y se convierte en el momento más irreal que he vivido nunca, pero también, el más auténtico.


  



martes, 15 de enero de 2013

10.


  No puedo creer lo que estoy viendo. No, no puede ser cierto. ¡Imposible! Mis ojos tenían que estar mandando una información errónea a mi cerebro. Lucho por encontrar una respuesta a aquello, un motivo o algo que no me hiciera tanto daño, todo tiene que tener una explicación, pero en ese momento no puedo pensar con demasiada claridad.

  Estoy quieta en el umbral de la puerta y Lucas y Lucía me miran sorprendidos desde la cama, donde están abrazados. No entiendo nada y mi cabeza está llena de pensamientos que se cruzan los unos con los otros intentando dar con una explicación que no parece llegar.

   -Paula… Yo…Lo…-Dice Lucía desenganchándose de Lucas y viniendo a mi encuentro cuando por fin reacciona.

   Pero no consigo oír lo que sigue diciendo, ya que salgo de allí lo más rápido que me permiten mis piernas. No pienso en nada que no sea huir. Siento que me asfixio, el aire no llega a mis pulmones con regularidad y estoy demasiado nerviosa como para intentar respirar bien. No sé como llego a la calle, pero el aire que me da en la cara no es suficiente como para ayudarme en algo. Mi respiración sigue agitada y cada vez me cuesta más. Siento que en breves me desmallaré y no tengo ganas de seguir luchando, de intentar salir de esa niebla que se apodera de mí y no me deja ver nada. Noto que me abalanzo sobre alguien, aunque no alcanzo a ver de quien se trata, solo noto sus manos en brazos para impedir que me caiga.

   Poco a poco siento que la presión que tan fuerte me oprimía el pecho se va yendo… Y voy abriendo los ojos, con miedo, pues siento que estoy tumbada sobre algo cómodo y bastante suave, ¿dónde estoy? Al final consigo ver a mi alrededor, estoy en un hospital, pero, ¿cómo he llegado hasta allí? Una puerta que hay enfrente de la cama se abre y sale un chico alto y rubio…

   -¡Vaya! Parece que ya te has despertado dormilona-me dice Marcos saliendo de donde me imagino que es el baño y sentándose en un sillón al lado de mi cama-. ¿Cómo te encuentras, preciosa?

   -Pero, ¿qué ha pasado? ¿Por qué estoy aquí? ¿Y qué haces tú aquí? ¡¿Qué pasa Marcos!?

  -Eh, tranquila… Por lo que me han contado tuviste un ataque de ansiedad bastante fuerte en la calle y alguien llamó a una ambulancia, cogieron tu móvil para llamar a alguien y como mi número era el último registrado, me llamaron a mí. Pero tranquila, que cuando me lo dieron llamé a tu madre, ya viene-dice tocándome el pelo de una forma que me encanta, mientras sus preciosos ojos azules me hipnotizan-.

 -Está bien…-Le digo mirándola embobada.

   Poco a poco llegan a mi mente todos los recuerdos de casa de Lucas. Como vi a Lucía y Lucas abrazados sobre su cama, riéndose hasta que repararon en mi presencia. No sé si tengo verdadero derecho a enfadarme, pues fui yo quien le dije que no quería nada más, pero fue él quien dijo que me quería, ¡me quería! Y en apenas tres horas ya estaba con otra, y para colmo, mi mejor amiga. Deseaba que ese día acabara, que terminara de una vez. Por enésima vez por hoy, lágrimas empezaron a brotarme de los ojos, sin control alguno.

 -¿Qué pasa? No llores…-Dice Marcos una y otra vez sin entender qué es lo que realmente me pasa.

   Decido contárselo, ya que ha ido al hospital aunque no tenía obligación, ha ido allí solo para estar conmigo, ha respondido a mi llamada, aunque no la hubiera hecho yo. Me sorprendo de su reacción, empieza a insultar a Lucas como si la vida le fuera en ello, y por una parte me reconforta. También es raro ver que se enfade tanto, en fin, apenas me conoce, ¿será verdad que siente algo por mí? ¿Algo tan fuerte como para ir a verme al hospital, preocuparse por mí y enfadarse con quien me ha hecho sufrir? Pero la verdadera pregunta es, ¿qué siento yo por ese chico?

  




viernes, 11 de enero de 2013

9.


  -¿Enserio cantas?-Le pregunto algo sorprendida.

    Nos pasamos el rato hablando. Marcos me cuenta cosas sobre él, su madre y su hermana, con las que vive desde que sus padres se separaron, y de las mil cosas que le gusta hacer. Decido no contarle lo de Lucas, quizá más adelante, si es que nos volvemos a ver. Y me siento agradecida cuando no insiste en que lo haga, aunque noto su preocupación.

  -En la ducha siempre-me dice riendo-.

  -No, de verdad. ¡Me has dicho que cantabas!-Le digo intentado no reír, aunque lo único que consigo es reírme más.

  -Bueno, un amigo de mi madre tiene un bar, así que a veces canto allí, ¿contenta?-Dice sonriendo.- Puedes venir a verme alguna vez, si quieres…-Me dice en un susurro.

   -Depende-le digo misteriosa-.

   -¿De qué?-Dice aceptando mi broma.

  -¿Cantas bien?

  -Eso lo tendrás que decir tú.

  -Vale, pues cántame.

  -No, no. Tendrás que venir a verme, sino nada-me dice riendo-.

    Seguimos hablando así, sin preocupaciones, sin pensar en nada, simplemente dejándose llevar, algo que le agradezco muchísimo. Y con ese extraño paseo con un desconocido, llegamos a mi casa.

  -Vivo aquí. Adiós, Marcos.

  -¡Espera!-Dice nervioso.- Me encantaría volver a verte, en serio-me dice evitando mi mirada-.

  -Si quieres te doy mi número, en fin, ya saber donde vivo. Mira es…

  -¡No! Prefiero dártelo yo, porque… Bueno… La verdad es… Que me gustas, desde que te he visto, y no querría precipitarme. Llamarte antes de tiempo, agobiarte y cagarlo todo, si es que tengo alguna posibilidad… Así, cuando quieras verme de verdad, me buscarás, así de simple.

    Me quedo bastante sorprendida. Nunca he creído que eso del amor a primera vista existía, hasta con Lucas tuvo que pasar algún tiempo. Pero, lo cierto, es que Marcos me cae muy bien, y me hace reír casi sin esfuerzo.

  -Me parece bien-le digo dándole el móvil para que lo apunte, y le pregunto con curiosidad-. ¿Y qué harás si decido no llamarte?

  -Bueno, tendré el consuelo de haber podido hablar con la chica más guapa que he visto en mi vida-dice sonriendo de esa increíble manera, a lo que añade-. Además, sé dónde vives Paulita.

  -Adiós, tonto.

  Abro la puerta de casa y antes de entrar le doy un pequeño beso en la mejilla, como una garantía de que volverá a verme. En seguida cierro la puerta y subo corriendo las escaleras sin mirar atrás, sin ni siquiera esperar a ver su reacción. Al llegar al segundo piso paro para recuperar el aliento. Sigo subiendo, esta vez más lenta para no cansarme tanto. Al llegar a mi piso, mira la puerta de casa de Lucas, y siento el impulso de entrar y contarle todo lo que me ha pasado hoy, que el chico del que llevo una vida enamorada me ha dicho que me quiere, pero que luego le he perdido como una tonta, que he conocido a un chico estupendo que, al parecer, siente algo por mí, lo raro que me ha parecido este día y lo confusa que estoy. Pero no puedo, no puedo hablar de todo eso con mi mejor amigo, porque todo tiene que ver con él. Aunque lo necesito, necesito hablar con mi mejor amigo y no con el chico con el que lo he estropeado todo.

   Voy hasta la puerta y voy a darle al timbre cuando me doy cuenta de que la puerta está abierta. La abro poco a poco, pero no veo ninguna luz encendida ni nada que me demuestre que hay alguien.

   -¿Lucas?-Preguntó, pero no obtengo respuesta.

 Ando lentamente, con miedo a que haya alguien que no tenga nada que ver con él. ¿Y si han entrado a robar? O peor, ¿y si es un asesino? ¡Basta! Paula deja de pensar esas cosas, no va a pasar nada. Me acerco a la habitación de Lucas y veo su puerta cerrada, aunque veo luz por la rendija que hay entre la puerta y el suelo. Me acerco, y voy a abrir cuando oigo voces.

   -…Entonces, ¿no crees que le estemos haciendo daño a Paula?

  -No, ella dijo que no quería nada conmigo, así que esto se supone que no le tendría que molestar-dice Lucas con una voz fría, como distante-. Además, antes la he visto en el parque hablando con un tío.

   Vaya… Así que me vió con Marcos… No logro distinguir la otra voz, aunque me resulta muy familiar, pero habla demasiado bajo como para conseguir identificarla, pero cada vez me interesa más lo que dicen, sobretodo porque es sobre mí.

 -¿Enserio? ¿Tan pronto? No me lo habría imaginado de ella…

 -Dejemos de hablar de Paula y pensemos en nosotros…-Oigo que dice Lucas entre risas con esa chica, no puedo resistirlo más y abro la puerta con fuerza…

  

 

 

 

lunes, 7 de enero de 2013

8.


    El llanto no cesa y me siento paralizada, como si no pudiera seguir. Me parece todo tan irreal… No es posible todo lo que ha pasado hoy, simplemente no puedo creerlo. Mi mente no concibe no volver a estar con Lucas, que no me vuelva a llamar “pequeña” o “princesa”, que no me abrace… No. Me niego a pensar que eso no suceda más, pero tampoco puedo volver arrastrándome para que salga conmigo. No es por orgullo ni ninguna tontería de esas, pero sé que él sabría que todo eso no es verdad, que solo lo hago para no perderle y no puedo hacerle eso, él no se lo merece.  Me resigno a pensar que eso es lo mejor para los dos, aunque una parte de mí sabe que eso no será cierto jamás…

   Supongo que me duermo, ya que cuando me despierto han pasado más de dos horas. Pienso en levantarme, pero enseguida cambio de idea. Al intentar hacerlo no puedo notar otra cosa que no sea un fuerte dolor que me oprime el pecho. No puedo sentir nada a parte de un vacío inmenso. El dolor no me permite pensar en otra cosa. Noto como algo dentro de mí se hace cada vez más grande, como un agujero enorme que se lo traga todo a su pasa, mis sentimientos, mis emociones, mis sueños… Todo se va de mí, se aleja poco a poco, como un suspiro.

   Al final consigo sentarme en la cama, pero es difícil, ya que al haber dormido encogida noto el cuerpo entumecido, y no me resultaba demasiado fácil moverme. Camino lentamente hacía el baño y me desvisto. Evito mirarme al espejo. En este momento no siento otra cosa que no sea odio por mí misma. Me doy una ducha rápida que me despierte un poco, aunque al final resulta ser peor, pues vuelvo a mi terrible realidad. Cuando salgo del baño veo que mi madre aún no ha vuelto y pienso en salir a dar una vuelta, a ver si eso me despeja un poco y me aclara las ideas.

    Cojo las llaves y salgo corriendo sin darme cuenta de si la puerta se ha cerrado o  no. No voy por el ascensor, sino que bajo corriendo, a la carrera. No podría soportar  verle, es demasiado pronto. Llego al parque que está a unas manzanas de mi casa. Ya ha anochecido y no queda casi nadie, salvo unos ancianos paseando juntos. Me siento en uno de los bancos y miro al vacío, intentando no pensar en nada. Me pongo los auriculares y marco la opción de: “Reproducción automática”. Al instante, llega a mis oídos una melodía suave y preciosa que reconozco a la perfección. Una lágrima baja lenta por mi mejilla sin que lo pueda evitar. Esa canción me trae demasiados recuerdos, la primera vez que la escuché con él, cuando me dijo que si supiera cantar me la cantaría, porque según Lucas, me define a la perfección. Entonces llega la parte que más me gusta y canto en un susurro… “You’ll never love yourself half as much as I  love you. You’ll never treat yourself right darling, but I want you to. If I let you know, I’m here for you. Maybe you love yourself like I love you…”

   Cuando la canción termina, cierro los ojos y los aprieto, prometiéndome a mí misma que seré fuerte y que intentaré lo que sea. En ese momento noto que alguien me mira fijamente y me giro sobresaltada. Veo a un chico un poco mayor que yo, rubio y con unos profundos ojos azules. Tiene una bonita sonrisa aunque algunos dientes no demasiado bien, pero eso no afecta a que siga siendo guapo. Cuando nota que le he visto y el salto que he dado empieza a reírse, aunque no parece que de mí. Se sienta conmigo en el banco y me da la mano.

   -Hola…-Dice con una voz preciosa.

   -Hola-digo secamente, no tengo ganas de hablar con nadie, ni siquiera con ese chico al que no conozco de nada-.

   -Lo siento si te molestaba que te mirara, pero es que me hacía una pregunta mientras lo hacía… ¿Cómo puede estar esa chica tan guapa llorando y sola? Me parece raro… ¿A ti no?-Me dice como si no se hubiera dado cuenta de mi tono, pero lo cierto es que me hace gracia, parece que hable con sinceridad.

  -Supongo que no soy tan guapa como dices…-Digo sin mirarle.

  -¿Cómo? No, no. Eso no me lo creo. He estado un rato mirándote y eres realmente preciosa, es más, eres la chica más guapa que he visto nunca-dice sonriendo, me río de su comentario, y como ve que no me lo creo se levanta y para a uno de los ancianitos que camina por allí-. Perdone señor, ¿podría ayudarme con una cosa? Verá, esta chica no se cree que sea preciosa. Dígame, ¿qué le parece a usted?

   Este chico… No me conoce, ni yo a él. ¿Por qué habla conmigo? ¿Por qué se interesa por mí? ¿Por qué le importa tanto? Pero no puedo negar que en las últimas horas es lo único que me ha hecho sonreír. El hombre contesta con una voz ronca que era de esperar, con un: “Sí, es muy bonita la niña.”

   -¿Ves? ¡Créeme! Y ahora tengo una duda más, ¿por qué llorabas?-Dice sin rodeos, sentándose de nuevo en el banco y mirándome con curiosidad.-Comprendo que no me lo quieras contar, en fin, no me conoces, pero piénsalo. ¿No es mejor así? Y mira, mis posibles respuestas a la pregunta son: alguien se ha muerto, en tal caso, lo siento mucho, o la que me imagino que será, un gilipollas te ha hecho algo.

   Menudas salidas tiene…Pero la verdad, es que me cae bien y aunque parece una tontería siento que puedo contárselo, lo que me ha dicho es cierto, si no le vuelvo a ver, ¿qué más da?

  -Por cierto… Me llamo Marcos-dice poniendo una de esas sonrisas perfectas-.

 

 

 

jueves, 3 de enero de 2013

7.


      Creo que pasa una hora, aunque puede que haya pasado más tiempo, no sé. Me levanto de la cama y voy al baño. Camino lentamente, como con miedo a estropear algo más, a hacerlo mal, como si al ir así sintiera menos daño del que verdaderamente siento. Me miro al espejo y veo mis ojos, rojos e hinchados de tanto llorar. Me lavo la cara, como si eso pudiera mejorar mi aspecto, ya que al mirarme de nuevo, no veo mejora alguna.

     Vuelvo a mi habitación y abro el armario. Cojo el pijama y me  lo pongo, supongo que hoy ya no saldré de casa… Entonces me acuerdo de que Lucas tenía una sorpresa preparada para mí, pero creo que eso ya no lo tendrá en mente. Voy a la cocina y busco algo para comer, aunque no tengo mucho apetito. Al final me preparo un pequeño bocadillo de queso y me siento en el sofá. Enciendo la tele y empiezo a buscar algo no muy deprimente para ver, aunque no tengo demasiada suerte… En el primer canal hacen Notting Hill, “Solo soy una chica delante de un chico pidiéndole que la quiera.” ¿Enserio? Parece que lo hagan adrede… Al final decido poner la MTV y me pongo a cantar como una tonta letras que ni sé.

     Y mientras lo hago pienso en todo el día de hoy. Un día cualquiera, cuando me levanté lo único en lo que pensaba era en ver a Lucas, como cada día de mi vida. Y ahora de repente siento que lo he perdido, como lo que fuera que éramos hace un rato, pero también siento que he perdido a mi mejor amigo… Entonces llaman al timbre. El agudo sonido me saca de mis pensamientos y me obliga a volver a la realidad. Poco a poco me levanto y voy a abrir la puerta.

     -Hola-me dice mirando al suelo-.

     -Lucas… ¿Qué haces aquí?-Pregunto sorprendida.

    -Necesito hablar contigo…-dice mirándome ahora a los ojos.

   Entra y nos sentamos en el sofá. Estoy nerviosa y no paro de jugar con las manos. ¿Qué debo hacer? Es todo demasiado confuso y no sé cómo comportarme. Él parece más decidido que yo y empieza a hablar sin apartar sus ojos de los míos.

     -Mira, he estado pensando y… No sé por qué me he puesto así, no lo entiendo ni yo. Entiendo que te hayas puesto así, aunque te juro que no hay nada entre nosotros, tan solo me pareció guapa, ya está no hay más, en serio. Y claro que soy tuyo, aunque suene cursi o tonto, cada parte de mí es tuya. Lo ha sido desde que te vi salir de tu casa con tres años con ese vestido rosa…-dice sonriendo.

    No sé qué decirle… En fin, si que quiero que estemos bien pero algo me dice que no tendríamos que seguir… Le miro, veo su sonrisa, me acuerdo de cada día que hemos pasado juntos, de lo feliz que me ha hecho siempre y en que daría lo que fuera por ese chico. Entonces lo entiendo.

    -Lucas… Te quiero, te quiero muchísimo, más de lo que he querido nunca a nadie… Y por eso mismo, no creo que debamos seguir juntos… No puedo arriesgarme a perderte, a que empecemos a salir y que algo salga mal y te vayas de mi lado, simplemente no puedo.

    -Eso no pasará, princesa. No dejaré que pase-dice tomando mi mano-.

   -No puedes saberlo, y tampoco prometerlo, las cosas se tuercen, los “para siempre” se rompen y todo sale mal. Lo siento pero no. ¿No podemos seguir como hasta ahora?-Le pregunto suplicante.

   -No creo que pueda verte cada día, hablar contigo, estar a tu lado y no poder decirte a cada minuto lo que te quiero. No voy a ser capaz…

    Dicho esto se va. Me quedo quieta, con miedo a moverme, sabiendo que por no arriesgarme a algo más lo he perdido todo. Empiezo a notar pequeñas gotitas caer por mis mejillas…. Ya está, le he perdido.

 

 

 

martes, 1 de enero de 2013

6.


  El resto del día pasa lento y pesado. No atiendo a la mayoría de las clases, pero tampoco creo que importe mucho, en fin, es el último día antes de vacaciones. Estoy desando salir de esas cuatro paredes que me separan de Lucas, que me impiden estar con Lucía pero que por suerte me dejan lejos de esas tres brujas. Aún estoy mojada y no paro de estornudar, pero me da igual, no paro de pensar en lo que acaba de pasar y soñar con la sorpresa de Lucas. He pensado ir antes a casa para cambiarme pero no sé qué planes tendrá él, aunque no creo que le importe.
  Por fin suena el timbre, soy libre. Salgo corriendo de clase, tan rápido que casi tiro a mi profesora de geografía al suelo, pero salgo de allí antes de que sepa quién soy. Voy por todo el pasillo y llego a la clase de Lucía. Al rato sale con una chica que no había visto nunca. Es rubia y la verdad, es que bastante guapa. Voy hasta ellas.
  -¡Lucía!-Le digo, ya que no me ve.
  -¡Paula! Hola, ¿estás mejor?-Me pregunta con preocupación, parece que se haya olvidado de su acompañante.
 -Sí. Bueno, luego te cuento-digo sonriendo como una niña pequeña-.
 -Vale. Ah, te presento a Julia-me dice señalando a la rubia-. Es nueva, viene a partir del segundo trimestre pero hoy ha venido para conocer todo esto.
-Encantada-digo mirándola-. Voy a buscar a Eva. Te llamo luego.
   Y me voy, así, sin más. Esa Julia no me parece de fiar, pueden parecer tonterías, pero soy muy maniática con eso. Si alguien no te cae bien a primera vista, ¿por qué iba a hacerlo luego?
      Sigo el pasillo y bajo por las escaleras que me llevan al piso de abajo. Encuentro las clases de tercero de la E.S.O. y busco a mi amiga Eva. No es que tenga un año menos que yo, si no que repitió el año pasado. Nunca le ha gustado estudiar, ni es que esfuerce mucho,  pero sigue siendo una de las mejores personas que conozco.
 -¡FELICIDADES ABUELA!-Oigo que alguien me grita al oído, doy un salto, alarmada, y me froto la oreja. Me giro y veo a Eva riéndose de mí.
   Es bajita, morena y muy revoltosa, tiene la cara llena de pequitas, lo que le da un aspecto infantil, pero que al mismo tiempo hacen que esté muy mona. Además siempre se peina con una trenza más o menos bien hecha en el lado derecho.
      Le doy las gracias y la acompaño hasta la puerta. Le cuento lo de Lucas, y  también  lo de la nueva compañera de Lucía. Al final salimos del instituto y vemos a Lucas, Julia y Lucía en un pequeño grupo hablando. No sé por qué noto una punzada de dolor en el corazón, por muy cursi que pueda parecer. Miro a Lucas y sus ojos, que están puestos sobre la rubia y que la miran intensamente. Entonces llena de rabia voy hasta ellos y los interrumpo.
 -¡Hola!-Digo con un tono de suficiencia que habría preferido evitar.
-Hola, preciosa-me dice Lucas sonriendo, aunque no le prestó atención.
-¿Nos vamos ya?-Le digo tirando de él.
-Claro, claro. Adiós Lucía. Adiós Julia-les dice sonriendo a la última-.
   Andamos todo el camino hasta casa en un silencio incómodo. Lucas intenta hacerme hablar pero yo no estoy por la labor. Un par de veces intenta besarme pero yo lo esquivo con alguna excusa tonta. No me gusta ser celosa, además, hemos empezado hoy, ni siquiera creo que tenga derecho a no dejarle que mire a otras chicas, pero aún así me molesta. Llegamos a mi casa y voy a la habitación para cambiarme. Me encierro en el pequeño cuarto de baño y Lucas se tira en la cama.
  -¿Me vas a contar qué te pasa?
  -¿Qué? No me pasa nada-digo casi gritando-.
  -Paula, te conozco mejor que nadie. Dime, ¿qué pasa?-Dice cuando he salido del baño.
  -Julia… La miras muy… No sé cómo explicarlo… Como si te gustara, como si sintieses algo por ella… Y eso me hace daño…-Le digo evitando mirarle a los ojos.
  -Paula no seas tonta, y no te comportes como una cría, por favor-dice con enfado, pensaba que lo entendería-.
  -¿Qué no me comporte como una cría? ¡Si te la comías con los ojos!-Le grito, ahora ya sin ningún miedo.
  -¿Por qué eres  tan celosa? ¿Por qué no me escuchas cuando te digo que te quiero? ¡Tampoco es que sea tuyo ni nada de eso!
      Y tal como ha venido, sale de mi casa con un portazo. Al poco tiempo oigo otra puerta cerrarse, me imagino que la de la suya. Me tiro en la cama y comienzo a llorar, desconsolada. Lo he estropeado todo…