domingo, 30 de diciembre de 2012

5.


  ¡Lucas! ¿Qué hace él aquí? No quiero salir y tampoco puedo, no puedo dejar que me vea así, estoy horrible…
  -Vamos pequeña, abre…-me dice con tono suplicante-.
  -¿Cómo sabias que estaba aquí?-digo de carrerilla para que no note que tengo la voz quebrada, aunque creo que no lo consigo.
  -Me lo ha dicho Lucía. Pensaba que sería la única persona a la que querrías ver, pero ya veo que no-dice con tristeza-.
   No quiero que piense eso. Claro que quiero verle. ¿Cómo no iba a querer? Si es la persona a la que más quiero en este mundo, en la que más confío y por la que haría todo lo que quisiera. No, no puedo dejar que piense eso. Abro la puerta poco a poco y al final salgo.
  Lo veo cerca de mí, mirándome con tristeza en los ojos, queriendo hacer algo para ayudarme, y mal al ver que no puede. Y entonces hace lo único que en ese momento me ayuda. Me da uno de esos abrazos suyos. Pongo mi cabeza en su pecho y empiezo a llorar, pero esta vez estoy mejor que antes, porque le tengo a mi lado. Y en ese momento me doy cuenta. Le quiero, siento tantísimas cosas por él que no me había dado cuenta.
  -Venga mi princesa, no llores…-dice acariciándome el pelo.
  Me levanta la cabeza para que le mire a los ojos. Esos ojos que he visto siempre, en los que me he perdido y me he encontrado, donde he visto mi felicidad y sobretodo la suya. Entonces lo hago. Vivo el momento. Me dejo llevar por mis deseos, por el impulso, y le beso.
  Al principio me resulta raro, noto que está sorprendido y no reacciona, pero poco a poco siento como corresponde mi beso. Y me sigue besando. Nos separamos poco a poco y nos miramos a los ojos, quizá con vergüenza o por miedo a lo que él otro piense.
 -Lo siento-le digo apartándome y mirando el suelo-.
 -¿Que lo sientes?-dice medio riendo, ¿por qué lo hace?- Pues yo no, es más, me ha encantado. Gracias por besarme ya, no sabes cuantas veces me he reprimido de no hacerlo por miedo a que no quisieras.
-¿Cómo? No te entiendo…-digo muy confusa, ¿entonces le gusto?
-Que te quiero tonta. ¡Te quiero!-dice riendo, y esta vez yo con él- Y me da igual lo que digan esas idiotas, te seguiré queriendo siempre, como el primer día en que te vi. Pero tú… ¿Tú me quieres?-susurra con miedo a oír la respuesta.
-Por supuesto-y vuelvo a besarle, ahora más segura, segura de que él quiere, que le gusta, y feliz por ello.-Por cierto, tengo curiosidad por esa sorpresa eh, no se me olvida-le digo cuando ya nos hemos separado.
 -Pues aún tienes que esperar un poco. Pero ahora será más especial, ¿no?-me dice sonriendo.
  Puede que no haya sido el lugar más bonito ni el más romántico para nuestro primer beso, pero para mí ha sido perfecto, no es que necesitara nada más que a él para que lo fuera. Nos quedamos un poco más en el baño pero en seguida volvemos porque han empezado las clases.



sábado, 29 de diciembre de 2012

4.


    Como cada día, cojo mi almuerzo y salgo al parque de al lado del instituto. Me siento en mi banco de siempre y espero a Lucía. Abro la bolsita y saco un paquete de rosquilletas. Me encantan. Voy a abrirlas cuando veo una pequeña nota pegada, en la que pone: “Felicidades otra vez, cariño. Lucas me ha dicho que os iréis juntos después de clase. Por cierto, no estaré en casa. Un beso, mamá. Me río sola. Hay que ver, hasta mi madre piensa que hay algo entre nosotros. Lo que no tengo claro es si yo quiero que pase o que si quiera tenga la oportunidad. Mientras estoy en mi mundo, noto unas manos que me abrazan por detrás del banco y unos labios en mi  mejilla. Lucía.
   -Felicidades, preciosa-me dice al oído-.
   Quita sus brazos y se sienta a mi lado en el banco. Empezamos a hablar de cosas sin sentido, tonterías. Y me río, me río muchísimo, algo que solo ella consigue. Es una persona alucinante. Siempre está ahí para todo lo que necesito, soporta mis mil y una dudas sobre mi relación con Lucas. Y no se queja, nunca, me parece increíble. Por eso y por muchísimas razones más, se convirtió en mi mejor amiga, mi hermana, mi persona, desde que empezamos el instituto.
   Seguimos hablando cuando llegan tres personas que son todo lo contrario a Lucía. Sara, Elena y Mara. Para mí serían el mal personificado, aunque quizá eso sería pasarse, o puede que no. En serio, no las aguanto. Y, ¿cómo no? Ya están aquí para molestarnos.
      -Mirad, si son las dos marginadas del instituto-les dice Elena a las otras.
     -Y ahora, ¿qué? ¿Pretendes que nos riamos?-Le dice Lucía mientras yo me refugio detrás de ella.
  No me gustan las peleas, ni los gritos y menos que vayan dirigidos a mí. Al menos Lucía es fuerte, y capaz de enfrentarse a ellas, cosa que yo no sería capaz de hacer nunca.
    -Tú, ¿no era tu cumpleaños? Ten, tu regalo-y me lanzan una bolsa llena de agua antes de irse, riéndose de mí. Tengo la suerte de que esta limpia, aunque muy fría.
   Me voy corriendo con las lágrimas saliendo de mis ojos sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. Me encierro en uno de los baños y empiezo a llorar a más no poder, preguntándome qué he hecho mal, por qué me odian tanto o por qué me tratan de ese modo. Al rato oigo que alguien da golpecitos a la puerta…
  -Princesa…


3.


    Desayuno lo más rápido de lo que soy capaz y salgo al rellano corriendo, con tanta suerte que al abrir la puerta me caigo de morros contra el suelo. Bff… Que daño. Entonces empiezo a oír una risa, una risa muy conocida para mí. Y, ¿por qué no decirlo? Una risa perfecta. La suya.
    -¡Vaya! Parece que los años te hacen aún más torpe, ¿eh?-me dice Lucas dándome la mano para que me levante.
    -Que gracioso eres, ¿no te lo habían dicho nunca?-Le digo molesta, ya de pie.
     Entonces me abraza y me dice al oído: “Vamos princesa, no te enfades.” Me separa de él y me mira a los ojos.
   -Estás preciosa-me dice quitándome un mechón castaño de la cara-.
   Me pierdo en sus increíbles ojos azules y en las palabras que me dice. Creo que ya entiendo porque piensan que somos algo más, pero él siempre me ha tratado así y, sinceramente, me encanta que lo haga.
   -Venga, que llegamos tarde-digo metiéndolo en el ascensor y luego entrando yo-.
   -¡Eh! Sin empujar-me dice entre risas-.
  Cuando entramos le doy al botón de la planta baja y empiezo a mirarme en el espejo. Mis ojos son pequeños y marrones, lo más comunes, ni en eso podía ser especial. Mi nariz, pequeñita y respingona, bueno, podría decirse que es mona. Mi boca, ni pequeña ni grande, simplemente normal. Dejo de mirarme y veo a Lucas por el espejo que me mira sorprendido.
    -¿Qué pasa? ¿Estás buscando arrugas?-Me dice acercándose al espejo, a mi lado.
 Me giro y él hace lo mismo. Ahora estamos cara a cara.
    -Mira, creo que aquí hay uno-empieza a tocarme la parte de arriba de la nariz haciéndome cosquillas, lo que hace que me salgan esas arruguitas que tanto odio.-Pero sigues mona, no te preocupes-dice como si fuera algo de máxima importancia.
  -Tonto, te recuerdo que tú eres mayor que yo-le digo riendo y apartando su mano-.
   Llegamos abajo y salimos a la calle. El camino hasta el instituto se me hace corto, más que otros días, aunque prefiero no preguntarme por qué.
 -Adiós princesita-me dice Lucas al llegar a la puerta-.
 -Adiós-me voy a ir cuando noto que alguien me agarra del brazo-¿Eh? Pero que…
 -Lo siento enana, se me había olvidado decirte que me esperes cuando salgas, ¿vale?-Y me da un beso en la mejilla antes de irse.
     Este chico… Cada vez me sorprende más. Me voy a clase antes de que llegue la profesora. Matemáticas. Sin embargo, las clases se me pasan rápido, pensando en la sorpresa de Lucas, hasta que llega la hora del recreo.

  

viernes, 28 de diciembre de 2012

2.


“I’m at a payphone…” La canción de Maroon 5 me despierta desde la alarma del móvil. Son las siete y media, y me toca ir a clase, pero por suerte hoy es el último día antes de las vacaciones de navidad y… ¡Mi cumpleaños! No sé si he dormido una hora o seis, lo último que recuerdo es el mensaje de Lucas y lo que pensaba en ese momento… Y tengo unas ganas infinitas de verle. Me visto lo más rápido que puedo y voy a la cocina.
   -Paula, ¡FELICIDADES HIJA!-Me dice mi madre nada más verme.
    Me da un abrazo de esos que te dejan sin respiración, pero lo cierto es que me encanta. Me gusta verla contenta, verla reír, ver que es feliz. Aunque a veces me da miedo saber que yo soy la única causa de su felicidad, pues no tiene a nadie más y lo mal que lo ha pasado los últimos años… No puedo pensar en ello.
   Cuando era pequeña, mi padre y yo tuvimos un accidente, del que solo salí yo con vida. Mis padres estaban muy unidos, los pocos recuerdos que tengo de los dos juntos son el significado perfecto de amor verdadero. Ha pasado mucho tiempo desde aquello, casi once años, pero hace poco que mi madre ha vuelto a sonreír. Y tengo claro que no seré yo quien le borre la sonrisa.
  

     Entonces saca una cajita roja de uno de los cajones de la encimera y me lo da. Lo abro con cuidado pero a la vez con curiosidad por saber qué contiene. Cuando ya lo he destapado, saco un precioso collar de plata con una P y un pequeño corazón.
   -Oh, mamá, no tenías que haberlo hecho… Seguro que te ha costado muchísimo. No puedo aceptarlo-le digo preocupada-.
   -Vamos Paula, es tu cumpleaños-me dice sonriendo dulcemente-.
   -Está bien-digo al final, y me lo pongo-. Es muy bonito, gracias.
  -Me alegro de que te guste. ¡Bien!-Dice dando palmas, lo que me hace reír.-Bueno, ¿y qué planes tienes para hoy?
    -Por ahora nada…-digo pensativa-.
   -Me lo imaginaba…-dice un poco apenada, digamos que no tengo mil amigos, pero tampoco es que lo necesite.-Lucas ha venido esta mañana, dice que lo esperes para ir a clase.
  -¡Pero si siempre lo hago! Pero es que es muy lento…-digo, aunque no puedo evitar sonreír al pensar en él.

  

Empecemos por el principio.

Bip-bip, bip-bip.
   El sonido de un móvil me despierta. A oscuras, lo busco por toda la mesita de noche sin salir de la cama. Al final doy con mi Nokia y miro la hora. 00:00h, hace a penas una hora que me he acostado. Y, ¿quién manda un mensaje a estas horas? Lo abro y sorprendida, leo: "Enana, feliz cumpleaños. No puedo esperar hasta mañana para verte. Un beso enorme desde el otro lado de la puerta. Lucas." ¡Es verdad! Con tanto sueño que tengo no me acordaba... ¡Hoy cumplo 15! Y él se ha acordado... A veces me pregunto como puede llegar a ser tan increíblemente genial. Lucas es mi mejor amigo desde que tengo uso de razón. Mi vecino, el tonto del otro lado de la puerta, como solía llamarlo de pequeña. 
Tiene un año más que yo y tenemos esa extraña relación de amigos-hermanos, aunque todas mis amigas dicen que parecemos algo más que eso. La verdad es que siempre me ha gustado o siempre le he querido, o solo le quiero como un amigo... Lo cierto es que no lo sé, tengo esa duda desde siempre. Lo único que sé a ciencia cierta es que él nunca pensaría en mí de ese modo. No soy lo que se dice preciosa, diría que ni siquiera soy guapa... Aunque él siempre me dice que no sea tonta, que ojala pudiera ver lo que él ve cuando me mira, y aún hoy sigo sin saber a lo que se refiere. Y luego está él. ÉL. Mi querido Lucas. Tan guapo, tan inteligente, tan seguro de sí mismo. Todo el mundo le quiere. Sería como ese chico de las películas americanas que se lleva a la chica guapa, ese que hace deporte, en fin, ese que nunca se fijaría en alguien como yo. Ha tenido tantísimas novias, mientras que yo no he tenido ni un novio, nadie que me hiciera sentir especial. Lucas siempre me dice que no tenga prisa, que cuando llegue el adecuado habrá valido la pena esperar...
Y así, pensando en cosas y cosas, me duermo...