Al día siguiente me despierto al mismo
tiempo que intento cantar la canción que me avisa de que tengo que levantarme.
Esa noche había decidido poner una canción como alarma que me diera ánimos para
afrontar mejor el día, para prepararme para todo lo que pudiera pasar, una
indirecta propia para intentar cambiar. Así que cuando llega al estribillo,
canto al compás con las voces que escucho… ‘Change, change your life, take it
all.’ Y siento ganas de llorar cuando oigo como en un suspiro ese: ‘You’re not
alone.’ Y decido repetírmelo a mí misma un par de veces, no, no estoy sola, no
lo estoy. Aunque ese es uno de los momentos en los que más sola me he sentido
nunca.
Apago la alarma y me levanto de la cama. Cojo
el móvil de nuevo y releo el mensaje de Lucía a la que aún no he contestado, no
sé qué hacer. Una parte de mí realmente quiere ir, que le cuente lo que pasa y
arreglarlo, pero otra odia que se me pasen tan rápido los enfados, que debería
mantenerme fuerte más de una vez.
Pienso en
quedarme en casa todo el día y rechazar la oferta de Lucía, pero ya que
me he despertado no voy a desaprovechar la oportunidad de vivir un nuevo día.
Me visto con lo primero que veo y salgo a la calle. Le dejo una nota a mi madre
diciéndole que he ido a dar un paseo y que volveré para comer. A penas son las
diez y no tengo demasiado claro si aceptar lo que Lucía me ha dicho, aún tengo
dudas.
Entonces se me ocurre una idea. Cojo el
teléfono y marco su número. Suena un par de veces y voy a colgar cuando me
llega una voz amable al otro lado de la línea.
-¿Sí? ¿Quién es?-Me dice una voz femenina.
-Eh… Perdone, creo que me he equivocado.
-Espera, ¿estabas buscando a Marcos? Soy su
madre.
-Oh, sí…
Lo estaba buscando a él, ¿se puede poner, por favor?
-Lo siento, está ocupado. Hoy le toca cantar
en el bar, pero si quieres puedes venir a hablar con él, acabará enseguida-dice
con esa voz dulce que me recuerda demasiado a la de Raquel, la madre de Lucas,
menuda casualidad, ¿no?-.
¿Qué hago? Me quedo callada durante un largo
rato, hasta que al final acepto. Me dice la dirección y compruebo que no me
pilla lejos del sitio en el que estoy. Con forme voy acercándome al lugar empiezo
a sentir nervios, quizás esas mariposas de las que habla la gente, pero es que
realmente me hace ilusión verle cantar.
Llego a la dirección indicada y abro poco a
poco la puerta. El bar está casi vacío y un hombre me indica el camino que sigo
para llegar al comedor interior. Las luces no están a máxima potencia y hay un
silencio absoluto. En ese momento, unos focos se encienden enfocando a un
pequeño escenario en el que apenas había reparado, veo a Marcos en un taburete
con un micrófono en la mano, mirando al infinito. Me siento en una de las mesas
de la parte trasera y comienzo a escuchar.
‘Mmmm… Yeah… Do, do, do, do… Oh… Yeah… Gotta
change my answering machine, now that I’m alone, cuz right now it says that we
can’t come to the pone, and I know it makes no sense cuz you walked out the
door, but it’s the only way I hear your voice… anymore…’
No soy capaz de describir lo que estoy
oyendo, su voz me atrapa como si de una maldición se tratara, solo que esta me
lleva a un paraíso, a un mundo increíble del que no quiero salir. La voz que sale de los labios de Marco roza la
perfección, por no decir que la consigue. Entrecierra los ojos un poco y pone
emoción en cada palabra que dice. Estoy embobada mirándole y oyendo esa
increíble melodía que no me doy cuenta cuando termina de cantar. Noto que
alguien me llama y salto en mi silla.
-Hola Paulita.
-¡Marcos! Ha sido… Tú eres… De verdad, que…-no
consigo coordinar palabra, o al menos encontrar una que llegue a definir todo
lo que acabo de oír.
-¿Tan mal lo he hecho?-Dice mirando al suelo,
al parecer algo avergonzado.
-¿Mal? ¿Estás bromeando, no? ¡Ha sido una
pasada!-Le digo emocionada.
-Vaya… Pues me alegro de que te haya gustado
tanto.
-Sí, me ha encantado. La canción no la había
escuchado nunca, pero es preciosa.
-¿Nunca la habías escuchado?
Pero, ¿qué música escuchas tú? No me digas que te gustan esas canciones que dan
dolor de cabeza-dice entre risas-.
-¿Qué? No, no, la verdad es que odio ese tipo
de canciones. Yo soy más de…
-¿De qué? Va, dímelo,
-No, te reirás.
-¿Qué pasa? Te prometo que no me voy a reír,
de verdad, va dímelo-me suplica con esos ojos azules, que me dejan embobada de
nuevo-.
-Taylor Swift. Me
encanta Taylor Swift-digo mirando al suelo-.
-¿Y qué hay de malo
en eso? Hay un par de canciones suyas que me gustan, tiene mucho talento.
-La gente suele
burlarse de mí por eso, porque me guste… Por eso me da miedo decirlo, no
soporto que me digan cosas, soy muy débil.
-No seas tonta. Esa
gente no entiende que sus canciones pueden llegar a hacerte sentir de otra
manera, sentir libre, creer en tus sueños y sobretodo en ti misma. A mí me pasa
con las de Coldplay.
-¿Te gusta Coldplay?
Nos pasamos el rato hablando de música. Y una
cosa con otra, Marcos me cuenta como decidió que quería cantar, que esa era su
verdadera pasión y no puedo evitar mi asombro ante lo que me cuenta, se nota que lo que siente
hacia la música es un sentimiento único y puro.
Miro el reloj de pared que hay en el bar y
compruebo que son las once menos veinte. Entonces algo en mí se activa de
repente, como si hubiera elegido de antemano mi decisión.
-Marcos…-Le corto en medio de una frase.
-Dime.
-Verás, antes te he llamado porque bueno…
Lucía me mandó un mensaje ayer diciendo que quería verme hoy, para contarme
todo y bueno…
-Venga Paula, suéltalo.
-Te quería pedir que vinieras conmigo…-Digo
sin mirarle a los ojos.
-Por supuesto que sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario