jueves, 28 de marzo de 2013

15.


Salimos del bar y comenzamos a caminar en silencio. Siento la mano de Marcos con la mía, encaja a la perfección, como si fuera un puzle hecho para ser así. Noto que mi tensión aumenta según se acerca ese lugar en el que tantas veces he quedado con ella. Es una cafetería un poco apartada del ruido del centro, que no es muy conocida. Sin embargo para mí es un lugar mágico. La primera vez que fuimos allí, fue como si el destino nos hubiera querido llevar.

  Era el primer día de instituto y no conocía a nadie. Me senté en la última fila, al lado de la ventana. Empezó la clase de presentación y nadie se había sentado a mi lado, aunque yo no le daba mucha importancia. Habían pasado veinte minutos cuando llamaron a la puerta. Una chica bajita, morena y con las puntas sutilmente rubias, entró en la clase con una mochila a la espalda, ¿por qué la habría traído? Recuerdo que me pregunté a mí misma.

 -Vaya, buena manera de empezar el curso llegando tarde el primer día. Dígame su nombre, señorita.

 -Lo siento, he tenido problemas para llegar. Soy Lucía, Lucía López.

-Está bien, no tiene que darme explicaciones, simplemente que no se vuelva a repetir. Siéntese.

 Lucía miró por toda la clase, hasta que vió que el único sitio vacío era el de mi lado. Con una sonrisa en la cara vino hacia mí. Yo no sabía cómo actuar, nunca se me había dado bien eso de conocer a gente, ni nada por el estilo. Menos mal que ella era todo lo contrario a mí.

  -Hola, soy Lucía, encantada-dijo aún sonriendo-.

  -Hola, yo soy Paula-le contesté intentando mirarla a los ojos-.

  Nos callamos y seguimos atendiendo lo que el profesor decía. Diez minutos más tarde vi como Lucía sacaba lo que me pareció ser un bloc de dibujo de la mochila que traía consigo y unas pinturas. Lo cierto es que no parecía muy por la labor de seguir haciendo caso.

  Comenzó a trazar líneas sencillas, unas para arriba, otras para abajo y en diferentes direcciones. Pero había algo que hacía que me quedara embobada mirando la hoja, era como si lo hiciese sin esfuerzo, como si esas líneas salieran de su interior. Cuando el dibujo estuvo un poco adelantado pude adivinar que se trataba de un puente bajo el que se encontraba un precioso lago.

  -¿Te gusta?-Me preguntó Lucía con una nota musical en la voz, al parecer le hacía gracia que la viera observándome.

  -¿Eh?-Me sobresalté y mis mejillas comenzaron a arder cuando reparé en que me había descubierto.-S-sí… La verdad, es que me-me encanta.

  -Muchas gracias-dijo sonriéndome, obviando mi tartamudeo.-Es que acabo de ver este sitio, por eso he llegado tarde, me hipnotiza… Quería pintarlo allí pero luego me he dado cuenta de que tenía que venir y bueno, aquí estoy. Me alegro de que te guste.

  -Eh, ustedes, las de la última fila, sé que las clases introductorias no son demasiado interesantes, pero cállense-nos dijo el profesor.

  Lucía y yo nos lanzamos unas miradas cómplices, que sin saberlo, eran el comienzo de algo grande. Cuando la clase terminó, seguimos hablando sobre sus dibujos. Me enseñó algunos y ciertamente eran fascinantes. Empezamos a andar, casi sin darnos cuenta de la dirección que tomábamos, cuando empecé a sentir gotas caer sobre mi cabeza.

  -Lucía, está lloviendo, y, ¿dónde estamos?-Dije asustada, mirando a mi alrededor.

  -Bah, tranquila, ya parará. Pues creo que estamos en…

 No le dio tiempo a acabar cuando comenzó a caer agua con fuerza sobre nosotras, corrí a esconderme debajo de un toldo cuando vi a Lucía bailando en medio de la calle desierta. La escena me pareció cuanto menos cómica y empecé a reírme de la ocurrencia de mi nueva amiga.

  -Corre, tonta, diviértete-me dijo dándome la mano para que bailara con ella.

 Empezamos a hacer el tonto como unas niñas por la calle hasta que llegamos a una cafetería que no había visto nunca. Estábamos demasiado mojadas como para entrar, pero la camarera de la tienda nos invitó a usar el baño para que pudiéramos secarnos. Pasamos el resto de la tarde allí, comiendo algo y hablando hasta que terminó de llover.

  Justo cuando termino de recordar aquel día, llegamos a la puerta. Veo a Lucía sentada de espaldas en la mesa que siempre compartíamos, no deja de mover las piernas, por lo que entiendo que está nerviosa. Algo dentro de mí también está nervioso, y no muy seguro de que eso sea lo correcto. En un momento de pánico pienso en irme de allí, pero al segundo me doy cuenta de que eso no estaría bien.

 -Eh… Paulita, tranquila, ¿vale?

  Casi ni me acordaba de que Marcos está aquí conmigo. Me gira delicadamente, pegando su frente a la mía mientras me mira a los ojos. Luego me da un dulce beso en los labios y entramos en la cafetería.

  -Hola…-digo al tiempo que nos sentamos en frente suya.
 
(Siento haber tardado más de un mes en subier esta parte, no sé si alguien se acordará ya, ojalá que sí. Si lo leéis por favor decidme que os ha parecido por aquí o por Twitter, significaría mucho para mí. Gracias.)

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario