viernes, 22 de febrero de 2013

14.


   Al día siguiente me despierto al mismo tiempo que intento cantar la canción que me avisa de que tengo que levantarme. Esa noche había decidido poner una canción como alarma que me diera ánimos para afrontar mejor el día, para prepararme para todo lo que pudiera pasar, una indirecta propia para intentar cambiar. Así que cuando llega al estribillo, canto al compás con las voces que escucho… ‘Change, change your life, take it all.’ Y siento ganas de llorar cuando oigo como en un suspiro ese: ‘You’re not alone.’ Y decido repetírmelo a mí misma un par de veces, no, no estoy sola, no lo estoy. Aunque ese es uno de los momentos en los que más sola me he sentido nunca.

  Apago la alarma y me levanto de la cama. Cojo el móvil de nuevo y releo el mensaje de Lucía a la que aún no he contestado, no sé qué hacer. Una parte de mí realmente quiere ir, que le cuente lo que pasa y arreglarlo, pero otra odia que se me pasen tan rápido los enfados, que debería mantenerme fuerte más de una vez.

 Pienso en  quedarme en casa todo el día y rechazar la oferta de Lucía, pero ya que me he despertado no voy a desaprovechar la oportunidad de vivir un nuevo día. Me visto con lo primero que veo y salgo a la calle. Le dejo una nota a mi madre diciéndole que he ido a dar un paseo y que volveré para comer. A penas son las diez y no tengo demasiado claro si aceptar lo que Lucía me ha dicho, aún tengo dudas.

  Entonces se me ocurre una idea. Cojo el teléfono y marco su número. Suena un par de veces y voy a colgar cuando me llega una voz amable al otro lado de la línea.

  -¿Sí? ¿Quién es?-Me dice una voz femenina.

  -Eh… Perdone, creo que me he equivocado.

  -Espera, ¿estabas buscando a Marcos? Soy su madre.

  -Oh, sí… Lo estaba buscando a él, ¿se puede poner, por favor?

  -Lo siento, está ocupado. Hoy le toca cantar en el bar, pero si quieres puedes venir a hablar con él, acabará enseguida-dice con esa voz dulce que me recuerda demasiado a la de Raquel, la madre de Lucas, menuda casualidad, ¿no?-.

  ¿Qué hago? Me quedo callada durante un largo rato, hasta que al final acepto. Me dice la dirección y compruebo que no me pilla lejos del sitio en el que estoy. Con forme voy acercándome al lugar empiezo a sentir nervios, quizás esas mariposas de las que habla la gente, pero es que realmente me hace ilusión verle cantar.

  Llego a la dirección indicada y abro poco a poco la puerta. El bar está casi vacío y un hombre me indica el camino que sigo para llegar al comedor interior. Las luces no están a máxima potencia y hay un silencio absoluto. En ese momento, unos focos se encienden enfocando a un pequeño escenario en el que apenas había reparado, veo a Marcos en un taburete con un micrófono en la mano, mirando al infinito. Me siento en una de las mesas de la parte trasera y comienzo a escuchar.

   ‘Mmmm… Yeah… Do, do, do, do… Oh… Yeah… Gotta change my answering machine, now that I’m alone, cuz right now it says that we can’t come to the pone, and I know it makes no sense cuz you walked out the door, but it’s the only way I hear your voice… anymore…’

  No soy capaz de describir lo que estoy oyendo, su voz me atrapa como si de una maldición se tratara, solo que esta me lleva a un paraíso, a un mundo increíble del que no quiero salir. La voz  que sale de los labios de Marco roza la perfección, por no decir que la consigue. Entrecierra los ojos un poco y pone emoción en cada palabra que dice. Estoy embobada mirándole y oyendo esa increíble melodía que no me doy cuenta cuando termina de cantar. Noto que alguien me llama y salto en mi silla.

 -Hola Paulita.

 -¡Marcos! Ha sido… Tú eres… De verdad, que…-no consigo coordinar palabra, o al menos encontrar una que llegue a definir todo lo que acabo de oír.

 -¿Tan mal lo he hecho?-Dice mirando al suelo, al parecer algo avergonzado.

 -¿Mal? ¿Estás bromeando, no? ¡Ha sido una pasada!-Le digo emocionada.

 -Vaya… Pues me alegro de que te haya gustado tanto.

 -Sí, me ha encantado. La canción no la había escuchado nunca, pero es preciosa.

-¿Nunca la habías escuchado? Pero, ¿qué música escuchas tú? No me digas que te gustan esas canciones que dan dolor de cabeza-dice entre risas-.

 -¿Qué? No, no, la verdad es que odio ese tipo de canciones. Yo soy más de…

-¿De qué? Va, dímelo,

-No, te reirás.

 -¿Qué pasa? Te prometo que no me voy a reír, de verdad, va dímelo-me suplica con esos ojos azules, que me dejan embobada de nuevo-.

-Taylor Swift. Me encanta Taylor Swift-digo mirando al suelo-.

-¿Y qué hay de malo en eso? Hay un par de canciones suyas que me gustan, tiene mucho talento.

-La gente suele burlarse de mí por eso, porque me guste… Por eso me da miedo decirlo, no soporto que me digan cosas, soy muy débil.

-No seas tonta. Esa gente no entiende que sus canciones pueden llegar a hacerte sentir de otra manera, sentir libre, creer en tus sueños y sobretodo en ti misma. A mí me pasa con las de Coldplay.

 -¿Te gusta Coldplay?

  Nos pasamos el rato hablando de música. Y una cosa con otra, Marcos me cuenta como decidió que quería cantar, que esa era su verdadera pasión y no puedo evitar mi asombro ante  lo que me cuenta, se nota que lo que siente hacia la música es un sentimiento único y puro.

  Miro el reloj de pared que hay en el bar y compruebo que son las once menos veinte. Entonces algo en mí se activa de repente, como si hubiera elegido de antemano mi decisión.

 -Marcos…-Le corto en medio de una frase.

 -Dime.

 -Verás, antes te he llamado porque bueno… Lucía me mandó un mensaje ayer diciendo que quería verme hoy, para contarme todo y bueno…

 -Venga Paula, suéltalo.

 -Te quería pedir que vinieras conmigo…-Digo sin mirarle a los ojos.

-Por supuesto que sí.
 
(Gracias por leer. Por favor, dadme vuestra opinión aquí o en twitter (@Luupeto). Por cierto, la primera canción es 'Change your life' de Little Mix, y la segunda, es 'So sick' de Ne-Yo.)
 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 8 de febrero de 2013

13.


  Marcos y yo llegamos corriendo a una parada de autobús, y subimos al primero que llega, sin ni siquiera mirar cuál es o a dónde nos va a llevar. Vamos hasta la parte de atrás y nos sentamos en los primeros asientos que vemos libres.
   -¿Estás seguro de que este bus nos lleva a mi casa?-Le pregunto con un poco de pánico, siempre he tenido ese miedo tonto de acabar en la otra parte de la ciudad y no saber cómo volver.
   -¿Conoces ese dicho de que todos los caminos llevan a Roma? Pues todos los autobuses llevan a tu casa-me dice riendo-.
   -Buf, te odio-digo sin poder reprimir una sonrisa-.
  -Sé que no me odias, que en el fondo, aunque sea muy en el fondo, sientes algo bonito por mí. Y no pararé de gritarlo hasta que lo digas.
  Pienso que está loco, que no es del todo normal, o que le falta algo en esa cabeza. Me gustaría saber que está pensando en algunos momentos, qué siente y por qué hace cada cosa que hace. Como ahora, ¿enserio va a gritar? No, no será capaz, en verdad sabes que solo lo dice para que le digas algo, que no va a gritar ni a hacer ninguna tontería.
  Pero entonces… ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¿Qué es eso? No consigo entender lo que dice. Me giro hacia la derecha y veo a Marcos medio levantado gritando como un loco. ¿Pero qué hace? La gente nos empieza a mirar de mala manera, y eso me incomoda mucho. Noto como mis mejillas arden y me imagino lo roja que debo estar. ¿Qué hago para que se calle?
  -Marcos, calla por favor, Marcos…-Pero lo único que consigo es que grite aún más fuerte.
  Sigue gritando cuando yo me tapo la cara con las manos, aunque sigo notando sus miradas clavadas en mí y en el demente que tengo al lado. Entonces los chillidos cesan y oigo una voz suave en mi oído: ‘Ya está, ya me callo, ¿ves? Pero, ¿te puedo pedir una cosa? Le miro a los ojos intentando adivinar lo que quiere, cuando veo que uno de sus dedos está sobre sus labios, y casi instintivamente, me acerco a ellos como por un impulso.
  Vuelvo a experimentar esa agradable sensación de hace un momento, y no quiero que se acabe. Entonces noto un leve cosquilleo en mis labios e imagino que debe estar diciendo algo en ellos, si es que eso puede hacerse. Intento descifrar lo que dice, pero no entiendo nada, así que se separa y empieza a dibujar en la ventana, pero no me deja ver lo que pone.
  -Ven, esta es nuestra parada-me dice cogiéndome la mano-.
   Bajamos del autobús y Marcos empieza a correr hacia él de nuevo. ¿Qué se supone que hace? Aún estoy cogida de su mano, así que yo voy detrás. El bus se para y me pone enfrente de la ventana en la que estaban nuestros asientos. Los ojos se me humedecen y me giro casi al instante. Mientras, el bus se va con la promesa de un enamorado, de alguien que ha encontrado lo que siempre andaba buscando. Con un precioso: ‘Yo nunca te haré daño.’
  Caminamos hasta llegar a mi puerta. Es raro, pero siento que no ha pasado apenas tiempo desde que hemos estado allí esa misma tarde, pero es obvio que muchas, muchísimas cosas han cambiado. Me despido de Marcos, prometiéndole antes que le llamaré a la mañana siguiente. Antes de marcharme escaleras arriba, le doy un beso y corro sin mirar atrás, como la primera vez.
  Subo las escaleras a la carrera, quizá por la adrenalina del día, por las experiencias vividas, por todo lo que he podido aprender o con eso de, de los errores se aprende, no sé, solo sé que en ese momento estoy eufórica. Llego a la puerta de casa y llamo dos veces al timbre. Sin girarme, haciendo como si la puerta del otro lado del pasillo no existiera.
  Mi madre abre, y casi al instante me abraza. Noto algunas lágrimas en mi hombro y empieza a decir cosas en un susurro. ‘Hija, por fin estás aquí. ‘Estaba muy preocupada. ‘No vuelvas a hacerme esto.’ Y cosas por el estilo.
  Entro en casa y veo a Alex, el padre de Lucas, a Raquel, su madre y a él, sentados en el sofá. No puedo apartar mi mirada de la suya, que parece que me desafíe, que espere que diga algo para meterse conmigo, una mirada que nunca antes había visto en él.
  -Paula, cariño, ¿estás bien?-Me dice Raquel con esa voz tan dulce.- Lucas nos ha contado que ha ido al hospital pero que no ha podido hablar contigo, que ya te habías ido o algo así.
   ¿Así que eso es lo que ha dicho? En verdad, no debería sorprenderme, después de todo lo que he podido ver hoy de él. Algo así como un, ‘Sí, pero ya estoy mejor, adiós.’, sale de mi boca, antes de que me dirija hacia la puerta de mi habitación. Ese es el último lugar en el que quiero estar. Sé que luego vendrá mi madre, diciendo que había sido maleducada al irme de allí, pero en ese momento no es que me importe demasiado.
   Me tumbo en la cama antes de cerrar la puerta del todo. Cojo el móvil y me sorprendo al ver 12 llamadas perdidas de Lucía. También hay un mensaje suyo, pienso en no abrirlo, en no darle la ocasión de explicarle, pero no sería justo y además, la curiosidad me puede. Y leo:
  ‘Paula, puede que no leas esto, pero tienes que dejar que me explique. No sabes lo que han sido estos años oyéndote hablar tan bien de Lucas, decir lo maravilloso y lo bueno que era contigo, y supongo que algo comenzó a crecer en mí. La envidia de que tú tuvieras esa conexión tan especial con alguien. Y supongo que poco a poco fui enamorándome de Lucas, a pesar de estar siempre en un segundo plano para él. Y hoy cuando por fin os habéis decidido a empezar algo me he dado cuenta de que yo no soy nada ni nadie ahí, pero esta tarde, cuando me ha llamado, solo he pensado en ir a sus brazos. Entiendo que estés muy molesta conmigo, porque lo hice mal. Pero te suplico que me perdones, me he dado cuenta de que sin ti no soy la misma. Me gustaría verte mañana y que hablemos de esto. Si quieres dejar que te lo explique todo mejor, ves a donde siempre a las once. Te esperaré lo que haga falta. Lucía.’

  





viernes, 1 de febrero de 2013

12.


    Poco a poco nos separamos, pero nuestras frentes se quedan juntas, pegadas, haciendo que tenga que mirarle a los ojos, pero, por alguna extraña razón, esa vez no me incomoda como de costumbre. No sé qué decir, o qué hacer, solo quiero congelar ese momento y guardarlo en mi cabeza, o simplemente, dejar que no pase nunca. Noto su aliento fresco cerca de mi boca, y siento la tentación de volverle a besar, pero no sé si eso estaría demasiado bien. Veo que sonríe, lo que hace que yo lo haga también, como inconscientemente.
   Entonces, cada recuerdo de aquella tarde, de aquel horrible o perfecto día, según se mire, desaparece, vuela de mi mente y en ese momento solo existe él a mi lado. Mil preguntas llegan a mi cabeza. ¿Qué haces Paula? ¿Por qué besas a un chico al que apenas conoces? ¿Desde cuándo vas besando así por así? Es más, ¿desde cuándo besas a chicos? Pero prefiero no buscar respuestas, simplemente vivir ese extraño momento, ese sueño del que no quiero despertar.
 -Paula… ¿estás bien?-Dice Marcos sin apartarse de mí, casi en un susurro imperceptible.
  No le respondo, simplemente me quedo mirándole a los ojos, y empiezo a sonreír como una tonta. ¿Qué hago ahí? Vivir, claro que sí, sin pensar en nada más que en ese instante y cuando por fin me doy cuenta, hago lo que he querido hacer desde que él ha separado sus labios de los míos, vuelvo a juntarlos. Noto que sonríe, pero que enseguida corresponde a mi beso.
 -Sí, estoy bien, muy bien-le digo cuando me separo de él al fin.
 -Gracias.
-¿Gracias? ¿Por qué?-Que me dé las gracias me da risa, ¿por qué lo hace?
-Por haber ido a ese parque, por haberte sentado en ese banco, por ser tan preciosa. Gracias por cruzarte en mi camino, Paulita.
 Me quedo sin palabras. ¿Cómo puede decir cosas tan bonitas, así, sin más? Le cojo de la mano y corro sin saber muy bien a donde, solo me dejo llevar…
En la salida del hospital, narra Lucía.
 Vemos como Paula y ese chico salen corriendo, y sin saber cómo, las lágrimas empiezan a salir disparadas de mis ojos. Yo no quería que pasara todo eso. No. No era mi intención. Lucas me había dicho que de verdad ya no había nada entre ellos, y yo como una idiota me lo creí. Solo quería que alguien me apreciara, y vale, quería que ese alguien fuese Lucas. Es difícil admitirlo, admitir que llevas tanto tiempo enamorada de él, de alguien inaccesible. Desde que lo vi por primera vez y Paula me habló tan bien de él, lo supe, le quería. Pero estaba ella, y tenía claro que no expondría mi amistad por un chico. Pero ahora me sentía como una verdadera tonta, solo me había utilizado, no había significado nada, absolutamente nada, para él.
  -Bueno, vámonos-me dice Lucas con una voz fría, como distante-.
  -¿Qué te pasa?
  -¿A mí? Nada. Eres tú la que te has puesto tan sentimental con esa…
  -¡No la insultes!-Le corto antes de que pueda decir nada.
 -¿Y por qué no debería hacerlo? Es verdad, me dice que no quiere nada conmigo y a los dos minutos se está besando con ese imbécil. Venga, vámonos.
 -No, yo quiero ir a buscarla. Nunca imaginé que fueras así.
   -Haz lo que quieras, pero recuerda que fuiste tú la que viniste corriendo cuando te llamé-dice antes de irse, sin siquiera mirar atrás-.
  Esas palabras retumban en mi cabeza, hacen eco y empieza a dolerme mucho. Sí, es verdad, fui yo la que acudí a su llamada. Podía haberle dicho que no, simplemente pensar que había algo raro. Pero no, no lo hice, y ahora mismo me odio por ello. Sé lo que vendrá ahora, los insultos de la gente, palabras no demasiado agradables que tendré que soportar, pero en ese momento eso no me importa, lo único que quiero es encontrar la manera de hablar con Paula, de explicarle todo, todo lo que llevo sintiendo desde hace tres años y que nunca he sido capaz de confesar, algo que sé que no será nada fácil.